Última semana antes de Navidad en el instituto: evaluaciones, clases y llegar viva a vacaciones
- Sustainable Teacher
- 28 dic 2025
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La última semana antes de las vacaciones de Navidad en un instituto no es especialmente bonita. No es inspiradora, no es creativa y no suele ser la semana en la que una está especialmente motivada. Es una semana de cierre. Y cerrar siempre pesa.
Esta fue mi última semana antes de Navidad como jefa de estudios y profesora de Biología. Una semana normal dentro de lo que cabe, pero intensa. Evaluaciones, clases que no se pueden dejar a medias, prácticas de laboratorio, reuniones, decisiones que hay que tomar sí o sí antes de irnos y ese cansancio que ya no se va durmiendo una noche más.
Lunes: empezar la semana ya cansada
El lunes empezó con prisas. No grabé nada por la mañana porque iba corriendo. Después de cuatro años con el instituto en obras, por fin nos habíamos mudado a los despachos definitivos. Cuatro años en espacios provisionales, compartiendo despacho, sin sitio para materiales, sin sensación de “esto es mío”. Y aunque la mudanza fue el viernes anterior, todavía quedaban cosas por terminar.
Llegué cargada: plantas, materiales que por fin podía llevar al centro, carpetas que antes no tenía dónde guardar. Iba con el miedo de si el ordenador funcionaría o no, porque la instalación de internet había sido lo último en llegar. En los centros públicos todo va por fases, y rara vez coordinadas.
La mañana se fue entre instalarme, revisar correo, reunirme con una compañera para coordinar un programa de bachillerato y preparar clases. A segunda hora tuve clase con segundo de bachillerato: empezamos el tema de la célula. Me puse unos pendientes con forma de célula vegetal y animal que me hizo Marta, de Crafting Natura. No es nada trascendental, pero me gusta tematizar un poco los días cuando puedo.
Ese día también tuve varias visitas de alumnado en el despacho, llamadas, correos y el inicio oficial de las evaluaciones por la tarde. Tres días seguidos de evaluaciones. Ese es el contexto.
Evaluaciones: cerrar trimestre de verdad
Desde el año pasado, en mi centro damos los boletines del primer y segundo trimestre solo en digital. Nos ahorramos papel y tiempo, pero implica otra carga: contraseñas que caducan, familias que no recuerdan accesos, mensajes constantes los días previos.
Las evaluaciones las hacemos en sesiones paralelas, online, para ganar tiempo. Las iniciales y finales siguen siendo presenciales porque hay decisiones que requieren firma, debate y votación. Aun así, son días largos, de mucha concentración y de tomar decisiones que no siempre son cómodas.
Cuando la gente habla de “poner notas”, rara vez se habla de lo que hay detrás: análisis de casos, valorar evoluciones, pensar en el trimestre siguiente, en el curso siguiente. Especialmente en esta evaluación, que es la primera “de verdad”.
Martes: laboratorio y vísceras
El martes tocaban disecciones con tercero de ESO. Aprovecho siempre estas fechas porque es cuando más fácil es conseguir vísceras en el supermercado. En Navidad hay más disponibilidad de asaduras: hígado, riñones, pulmones, corazón.
Este año decidí comprar yo todo el material en lugar de pedírselo al alumnado. Lo congelé previamente para controlar mejor olores y facilitar la manipulación. Congelar ligeramente las muestras ayuda mucho: huele menos y el laboratorio se mantiene más ordenado.
Trabajo la práctica de forma bastante libre. Explico al principio, muestro cómo cortar, qué buscar, proyecto en la pizarra con un retroproyector y luego les dejo explorar. No sigo un guion cerrado. Les pido dibujos de lo que observan, con las partes señaladas. Es una de las pocas prácticas del año en la que les hago dibujar.
Siempre hay alguien que no quiere tocar. En esos casos, esa persona se encarga de dibujar. Funciona bien.
Ese día tenía 28 alumnos yo sola en el laboratorio. No es lo ideal, pero es lo que hay. Aun así, fue una buena sesión. El material medio congelado ayudó mucho, sobre todo con los olores.
El cansancio acumulado
A medida que avanzaba la semana, el cansancio ya no era solo mental. Llevaba días con molestias en la cadera izquierda. Había intentado correr, nadar, pero incluso nadando me molestaba. Decidí parar y hacer solo movilidad y estiramientos en casa.
Aquí es donde entra algo que repito mucho: saber cuándo parar también es productividad. No todo se arregla empujando más.
Aun así, seguí yendo a nadar cuando pude. En invierno me ayuda mucho usar un bañador de surf de manga larga porque paso muchísimo frío en la piscina. Y los auriculares de conducción ósea han sido un antes y un después para mí: puedo escuchar música sin aislarme y sin que el agua sea un problema.
Mi forma de desconectar
Por las noches, cuando llego muy cansada, tengo dos formas de desconectar: leer y tejer.
Ahora mismo estoy leyendo El archivo de las tormentas, de Brandon Sanderson. Es una lectura larga, pero me está gustando mucho. Y en paralelo estoy tejiendo unos calcetines con motivos de esquí. Son complicados, no sé si acabarán siendo usables, pero me relajan.
También participo en tejequedadas un par de veces al mes. Esa semana fui un rato rápido, me tomé un té, charlé y volví a casa. A veces eso es suficiente.
Miércoles y jueves: cerrar, cerrar y cerrar
Los días siguientes fueron una sucesión de clases, evaluaciones, correos, proyectos que había que terminar antes de vacaciones, documentos que no podían esperar. Nada especialmente llamativo, pero todo necesario.
También hubo tiempo para cosas pequeñas: ver un belén hecho con piezas de ordenador en la universidad donde trabaja Rafa, hacer la compra online, organizar la semana siguiente sabiendo que ya estaba al límite.
Viernes: el cierre emocional
El viernes es siempre raro. Hay actividades navideñas, villancicos, partidos, un ambiente extraño entre vacaciones y agotamiento. Es un día largo, aunque no lo parezca.
Cuando por fin cierras la puerta del instituto ese día, no hay euforia. Hay alivio. Y cansancio. Mucho.
Reflexión final
Esta semana no tiene grandes aprendizajes. No hay moraleja. Es simplemente la realidad de cerrar un trimestre en un instituto.
A veces se idealiza demasiado la vida docente. Hay partes muy bonitas, claro que sí. Pero también hay semanas como esta: de resistencia, de cumplir, de llegar.
Y llegar ya es suficiente.
Si algo saco de esta semana es esto: no todo tiene que ser inspirador para ser válido. A veces solo se trata de sostener, cerrar y descansar.
Y ya está.










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