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Primer fin de semana de vacaciones: bajar el ritmo sin hacer nada extraordinario

  • Foto del escritor: Sustainable Teacher
    Sustainable Teacher
  • 4 ene
  • 4 Min. de lectura

Hay algo curioso en el primer fin de semana de vacaciones: no es descanso inmediato.

Al menos para mí no lo es.


El cuerpo deja de ir con el piloto automático del trimestre, pero la cabeza sigue funcionando como si aún hubiera evaluaciones, correos pendientes y cosas “urgentes” que hacer. Este sábado no tenía horarios, pero a las ocho ya estaba despierta. No por obligación, simplemente porque el cuerpo todavía no entiende que ha llegado el parón.


Y creo que esto le pasa a mucha gente, especialmente a quienes trabajamos con ritmos intensos durante meses.

Vídeo sobre Primer fin de semana de vacaciones: bajar el ritmo sin hacer nada extraordinario



Sábado sin prisa (aunque el cuerpo no lo sepa)



Rafa y yo estuvimos un buen rato remoloneando en el sofá. Sin despertador, sin agenda, sin esa sensación de “tengo que salir ya”. Aun así, el día arrancó pronto.


Me puse ropa cómoda y me fui a pilates. Tengo un profesor que es muy bueno técnicamente. No es el profesor más amable del mundo, pero sabe lo que hace, y en determinados momentos del año eso pesa más. El movimiento consciente, bien hecho, me ayuda mucho a recolocar cuerpo y cabeza después de semanas de tensión.


Antes de salir tenía dos objetivos muy poco glamur:


  • Recoger la compra que se había quedado a medias

  • Doblar ropa que llevaba días esperando



Nada que se vea en Instagram, pero necesario. Durante el trimestre esas tareas se van acumulando y en vacaciones me gusta empezar por ahí: cerrar pequeños frentes domésticos.





Intentar ser sostenible también sale regular a veces



Mientras recogía cosas en casa, terminé de procesar una historia que llevaba días rondándome la cabeza.


Había comprado un regalo de segunda mano en Vinted con toda la intención de hacerlo bien: reutilizar, no comprar nuevo, reducir impacto. La descripción decía que estaba “como nuevo”. No lo estaba. Tenía defectos claros que no aparecían ni en las fotos ni en el texto.


Abrí una incidencia. Vinted funcionó correctamente y aceptó la devolución. El dinero me fue reembolsado. Hasta aquí, todo bien.


Lo absurdo vino después: la vendedora no recogió el paquete.

Resultado: el regalo ha hecho varios viajes Barcelona–Madrid–Barcelona–Madrid.


Justo lo contrario de lo que pretendía cuando decidí comprar de segunda mano.


Al final el objeto vuelve a mí. Lo venderé de nuevo, con una descripción honesta, más barata y sin venderlo como algo que no es. Pero esta experiencia me ha recordado algo importante: la sostenibilidad no es perfecta ni limpia. A veces lo intentas hacer bien y sale regular.


Y también está bien contarlo.





Rellenar, reutilizar y seguir



Después del gimnasio aproveché para rellenar un producto de cuidado capilar que uso a menudo. Compro el recambio, reutilizo el mismo envase y separo bien los materiales para reciclarlos correctamente.


No es heroico. No es revolucionario.

Es simplemente lo que hago.


La sostenibilidad cotidiana no va de gestos épicos, sino de repetir pequeñas decisiones coherentes cuando se puede. Y aceptar que no siempre salen perfectas.





Tarde en Madrid: amigas, mercadillo y museo



Por la tarde nos fuimos a Madrid. Rafa tenía su club de lectura y yo había quedado con unas chicas que conocí en un taller de velas. Café tranquilo, conversación sin prisas y esa sensación tan agradable de encuentros que no están ligados al trabajo ni a obligaciones.


Después nos encontramos y dimos una vuelta por el mercadillo navideño de Colón. Menos puestos que otros años, pero suficiente para pasear, mirar y tomarnos algo caliente.


Cenamos fuera y, ya de vuelta, decidimos entrar al Museo Thyssen, que abre algunos sábados por la noche. Vimos exposiciones temporales muy distintas entre sí. Algunas interesantes, otras desconcertantes. Como suele pasar en el arte contemporáneo.


No grabé mucho en horizontal ese día, pero sí en vertical. A veces la experiencia manda más que el contenido, y me parece bien así.





Domingo de lluvia, frío y naturaleza



El domingo amaneció con lluvia intensa. De esas que parecen decirte “mejor no salgas”. Aun así, preparamos todo y salimos.


Fuimos al parque forestal de Valdebebas. No lo conocía y me sorprendió para bien. Es grande, accesible y tiene un punto de naturaleza que se agradece mucho estando tan cerca de la ciudad.


No vimos aves especialmente raras, pero sí las habituales: suficiente para observar, caminar y respirar aire frío. Cinco grados, sensación térmica aún menor, manos frías y ganas de ducha caliente al volver.


A veces no hace falta ir muy lejos para cambiar de escenario.





Volver a casa y parar de verdad



Después de comer, ducha caliente y sol entrando por el salón. Me tumbé sin dormir, simplemente descansando. Ese descanso raro que no es sueño, pero sí pausa.


Más tarde, algo de orden en casa y preparación de la maleta. Me voy a Granada en breve y quiero dejar las cosas listas con calma: ropa de abrigo, material de nieve, guantes, pantalones térmicos. Preparar sin prisa también forma parte del descanso.


Cerrar el fin de semana así, sin sensación de urgencia, me ayudó a notar que, ahora sí, empezaban las vacaciones.





No hacer nada extraordinario también cuenta



Este fin de semana no ha sido espectacular.

No ha habido grandes planes, ni viajes largos, ni momentos “instagrameables” todo el tiempo.


Pero ha sido justo lo que necesitaba.


Bajar el ritmo no es apagar un interruptor. Es un proceso. Empieza recogiendo la compra, doblando ropa, moviendo el cuerpo con cuidado, aceptando que incluso intentando hacer las cosas bien a veces salen regular.


Y poco a poco, el cuerpo y la cabeza se alinean.


Vendrán más días, más planes y más descanso.

Este ha sido solo el inicio.


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